

Era un día de verano, yo visitaba a mi amiga, toque el timbre de su casa, ella salió… después salió su perro, el perro empezó a olerme el lompa, me miraba como si yo fuera un bicho extraño, un ser que acechaba su territorio, de pronto el perro hizo un movimiento extraño y empezó a montar mi pierna, yo lo botaba disimulado con ganas de darle una patada en el hocico, pero solo por ser el perro de mi amiga no lo hice… el perro y yo empezamos a agarrar confianza mutuamente y no trataba de morderme cada vez que lo cogía, le daba de golpecitos en la panza y se ponía saltón… pero ya podía controlar la situación aun así en cada descuido mío el perro aprovechaba para tratar de montarme…
No me quedo mas remedio que preparar una poción mágica y compartirlo generosamente con el lindo perrito… claro esta yo no se lo di personalmente, un niño inocente que jugaba en el parque con el lindo perrito fue el encargado de proporcionarle la dosis necesaria… era una mañana cualquiera de verano… unas horas después me entere que el pobre perrito había pasado a mejor vida… mi amiga se puso muy triste, pero yo estaba feliz… aun así "yo no sabia nada del suceso"… pobre perrito dije, me caída tan bien.
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